La seducción según OMA
/ Rem Koolhaas
El Guggenheim Las Vegas
por José Pérez de Lama, 2001
publicado en Pasajes de Arquitectura y
Crítica núm 33 [marzo 2002], junto a un extenso reportaje
fotográfico
Enseñando a Las Vegas
Sin lugar a dudas, Rem Koolhaas es uno
de los caracteres más brillantes de la arquitectura de principios
del siglo xxi. Sus edificios y sus libros explotan los límites de
lo que se había entendido, durante la modernidad, como el trabajo
de los arquitectos "respetables", y, también, las fronteras de lo
que hasta ahora se consideraba políticamente correcto [para la arquitectura
y el arte]. El espectáculo, el comercio, el diseño de meros
contenedores, el estudio de la producción más especulativa
de la ciudad como modelo para la acción de los urbanistas y arquitectos,
la congestión, los parques de atracciones, la ciudad genérica,
el espacio basura... [Koolhaas 1978, 1995, 2000]
En el Guggenheim Las Vegas: la arquitectura
como súper-mercancía. ¡Sin escrúpulos! Enseñando
a Las Vegas, en lugar de aprendiendo de ella. Como en los proyectos para
las tiendas Prada: Si lo que queréis es espectáculo y mercancía,
Koolhaas es el que os va a enseñar cómo; en OMA somos los
que podemos hacerlo mejor que nadie.
O por lo menos, no va a ser sólo
Gehry el que monopolice el espectáculo.
El contexto: K de vacaciones
Quizá sea sorprendente, considerando
que K es uno de los paladines de la globalización, que el contexto
resulte fundamental para explicar este nuevo edificio. Desde luego, no
se trata del contexto morfológico-tipológico de la escuela
italiana de los 70. En el Guggenheim Las Vegas estamos hablando de la ciudad
simulada por antonomasia, Las Vegas; y dentro de Las Vegas, ¡Venecia!
Como propone Neil Denari [1999: 12], el
contexto en el que se inserta la nueva arquitectura es más el de
la cultura global y de las tecnologías de la información,
los nuevos deseos y formas de estar en el mundo, que el de la historia
o la ciudad edificada, como sucedía hace unas décadas.
Vista de conjunto del Venetian,
el casino en cuyo interior se encuentran los dos Guggenheim de Koolhaas
/ Krens
El contexto, pues:
K, ahora Josef K, de madrugada, en la
barra de la sala de juego del Venetian, el último y más lujoso
de los casinos de Las Vegas. No localiza a las camareras con exuberantes
pechos y micromodelitos que se veían a las tres de la tarde, cuando
se tomó el primer margarita que lo había dejado empanado
para todo el día. El ambiente, sin embargo, continúa idéntico.
El mar de máquinas de juego llenas de luces y dorados que reproducen
el paisaje de las calles, la música ambiental y el ruido de las
tragaperras funcionando sin pausa. Aparece una camarerita, esta vez asiática,
esgrimiendo una tarjeta de crédito como si fuera una pancarta reivindicativa.
Esta ciudad es una pesadilla. Lo más
parecido a Freeside, el resort espacial de vacaciones donde tiene lugar
el desenlace de Neuromancer [William Gibson, claro]. El tequila seco y
un traje de terciopelo rojo y un pañuelo naranja al cuello que K
se había puesto para bajar de la habitación en la planta
36 no le hacen sentir mucho mejor que por la tarde. Aunque fue divertido
pasar decidido entre las mesas como si fuera De Niro en Casino, como si
se dirigiera a algún lugar y a un asunto importante. Entre los croupier
de uniforme y los vaqueros jugando con los sombreros puestos. Por el otro
lado, aparece una chavalita negra con una sonrisa blanca preciosa . Apoya
la cabeza en la barra con gesto de agotamiento o quizá de haberlo
perdido todo en el juego. Cuatro chavalas de Ciudad Juárez se sientan
a su lado a jugar al póker en una pantalla táctil integrada
en la barra.
Algo más tarde, arriba, en una
suite del Venetian; dicen que uno de los mejores hoteles del mundo, - le
va a costar a K todo el dinero que espera cobrar por el artículo-.
El Venetian tiene el record Guinness por las habitaciones de hotel más
grandes del mundo. Abre la nevera con cuidado; si mueve las botellas, se
activará un sensor, y las cargará automáticamente
a su tarjeta de crédito. Al igual que Freeside, Las Vegas es como
un cedazo que cierne todo el dinero de los que pasan por la ciudad. El
cuarto de baño tiene unas dimensiones proporcionales al record.
Después de la ducha, rodeado por todos lados por espejos y dorados,
K se da cuenta de que quizá se esté haciendo viejo. Recuerda
los cielos artificiales del paseo comercial del hotel, una calle veneciana
con canal incluido. En Freeside los cielos grabados van cambiando a lo
largo del día, pero en las Shoppes del
Grand Canal,
el cielo artificial se ha quedado parado a la hora incierta del final del
atardecer. Resultó extraño desayunar el doble expreso y los
huevos escalfados con la desorientante sensación de que se hacía
de noche.
A pesar de que había pedido una
habitación de fumador, K no ha podido abrir la ventana. Le entra
claustrofobia imaginando el interminable espacio interior: las salas de
juego, el centro comercial, los restaurantes de todas las nacionalidades,
las salas de convenciones, bares, discotecas, pasillos, escaleras mecánicas,
ascensores, habitaciones. La calle parece un lugar lejano y frío,
el afuera misterioso. Un deseo imperioso de escapar de Venecia. Se encuentra
enfermo. Está seguro que es una alergia psicosomática. Echa
de menos su apartamento minimalista centroeuropeo. En el fondo se alegra
de no haber venido con Betim. Todo es demasiado kafkiano. La tv está
alojada en un armario dieciochesco, sospechoso de simulación, como
todo en este lugar. Desde la cama king size cubierta por un dosel cambia
los canales con el mando a distancia. La tv también es king size.
Se duerme escuchando a dos militares estadounidenses
analizando en las noticias el futuro de la guerra global contra el terrorismo.
¿Han conseguido ya erradicar absolutamente a los talibanes? Los
dos analistas emiten diagnósticos contradictorios. Uno propone atacar
Irak; el otro Somalia.
En las pesadillas que siguen, aparece
la entrada al museo Guggenheim en uno de los extremos de la sala de juego
del Venetian. Se mezclan los bombardeos sobre Afganistán con las
gordas en zapatillas de deporte flaneando por las calles de Venecia y un
gondolero negro cantando una ópera mientras rema a compás.
K se ve a continuación paseando de noche por el Strip de Las Vegas,
pero entrando sucesivamente en París, Montecarlo y finalmente Nueva
York; las torres gemelas aún están ahí; a lo lejos
se ve la pirámide de Luxor, y más cerca el castillo de Disneylandia.
En una pantalla gigante canta Elton John. Apostados en las esquinas, indígenas
centroamericanos lo inundan de estampitas con fotos que dicen: Candy, 23
años, bailarina privada, 75 USD y el teléfono, o Stacy y
Kim, rubias, 24 horas, 2 girls special...
Las Vegas es la reunión de todos
los sueños de diversión de la clase media americana. K se
siente insolidario. Le resulta imposible compartirlos. Piensa que debe
ser su angst de intelectual centroeuropeo, como le pasa a Baudrillard
con la simulación. Piensa que necesita seguir aprendiendo.
Al levantarse por la mañana, K lee
el librito con los distintos servicios y atracciones ofrecidos por el casino.
Sin excesiva sorpresa observa que además de las tiendas, los restaurantes,
el spa, las salas de fiestas o el golf, puede visitar dos franquicias del
emporio de Thomas Krens: el Guggenheim Las Vegas y el Hermitage Guggenheim;
en éste último se expone parte de la colección del
museo de Pedro el Grande en San Petersburgo. En el ascensor pulsa la planta
"casino". A unos pocos pasos se encuentra con la entrada al Guggenheim.
El contenedor con infraestructuras
planta
baja
La entrada al Guggenheim Las Vegas promete
un poco de descanso de las interminables moquetas estampadas y molduras
doradas. Paramentos de luminoso policarbonato blanco con juntas de aluminio
y neopreno en las taquillas [15 USD] y la tienda conforman el ámbito
de acceso. Letras 3D en aluminio, GUGGENHEIM LAS VEGAS, se proyectan horizontalmente
sobre los visitantes. "Las fotografías están prohibidas,"
anuncia amablemente el personal de la sala. "La imagen del Guggenheim tiene
copyright," supone el visitante. Traspasado el umbral, la escala explota
hasta 25 ó 30 m de altura en un solo espacio. Incluso se puede ver
el cielo a través de la cubierta de vidrio que ocupa la sección
central. El imaginario es industrial,
rough,
el nuevo lujo según
Koolhaas, -según propone en su reciente volumen para rediseñar
la imagen corporativa de Prada [2001]-.
En la planta principal el museo se dispone
en un único gran espacio. Una nave industrial. Los paramentos están
rodeados por una estructura metálica que sirve de soporte para otro
de los nuevos conceptos de Koolhaas, el wallpaper [2001], la pared para
empapelar. Sobre las estructuras se pueden colocar grandes carteles
impresos, como los billboards o carteles publicitarios tan característicos
del paisaje urbano de Los Ángeles. El dispositivo permite cambiar
completamente la imagen de las fachadas interiores del espacio para cada
exposición. En esta ocasión, El Arte de la Motocicleta, hay
enormes fotografías en blanco y negro: Brando en Wild at Heart,
Dennis Hopper en Easy Rider o Cary Grant y Audrey Hepburn paseando en Vespa
por Roma. Las soportes de los carteles están adecuadamente separados
de los muros de la nave, y del techo, para hacer claramente legible la
naturaleza del artificio. Los pisos de la sala principal son de hormigón.
En el sentido longitudinal una grúa puente, bien visible, puede
recorrer la totalidad de la sala para el montaje de las exposiciones y
la modificación y el mantenimiento de la iluminación y demás
instalaciones, que se distribuyen en estructuras auxiliares fijadas al
techo y a la potente estructura metálica que lo soporta. La estructura
está pintada de gris. Igual que los paneles metálicos de
los siete vanos que componen la cubierta. En la zona central de la planta,
se dispone un patio que llega hasta el piso inferior unos 6 metros más
abajo. El visitante percibe esta planta como subterránea. Como si
se tratara de un atrio clásico, sobre el patio, aunque sin
corresponderse exactamente, está el lucernario. Su geometría
y construcción también son de tipo industrial. Se observa
una segunda estructura metálica sobre la cubierta de vidrio, que
sostenía originalmente unas membranas traslúcidas y retráctiles
con una reproducción de las pinturas de Miguel Ángel para
la Capilla Sixtina. Parece que ha habido problemas con la lluvia y que
han sido retiradas, temporal o definitivamente.
La presencia del hueco del patio determina
distintas áreas en el gran espacio continuo de la planta principal.
En uno de los extremos [sur] se encuentra una pantalla de retroproyección
integrada en el dispositivo del wallpaper. En este extremo se puede
llagar hasta debajo de las estructuras, donde se observa el montaje del
wallpaper y el discurrir de las instalaciones y el ascensor para bajar
a la planta baja; aquí también es posible acercarse y tocar
los muros de bloque de hormigón. En el otro extremo hay una edícula
o volumen prismático exento, construido con una estructura metálica
más ligera revestida con vidrios especiales que dan una nota high
tech al conjunto, -la característica técnica del wabi
sabi japonés - californiano [Jencks, 1996]-. Los vidrios son
transparentes si se mira oblicuamente, pero se hacen casi opacos cuando
se miran de frente. Esta superficie también se emplea como pantalla
de proyección. Las imágenes resultantes toman un aire fantasmal
y mutante cuando el visitante se va desplazando por el museo. En el extremo
longitudinal norte de la sala se encuentra una puerta como de hangar que
ocupa toda la altura del edificio. Se abre pivotando sobre una columna
de 20 m de altura para hacer posible la entrada de camiones desde las zonas
de servicio del Venetian. La puerta/paramento está pintada con bandas
diagonales rojas y negras, formando una doble flecha, como una pintura
suprematista. La combinación de colores supone un pintoresco guiño
anarquista en este contexto. Las bandas rojas y negras son también
el logo de esta franquicia del Guggenheim.
El museo carece de fachadas propiamente
dichas, pues está alojado dentro del conjunto continuo del resort.
Tan sólo desde uno de los puentes que dan acceso a los aparcamientos
se ve un gran paramento a bandas rojas y negras, la cara exterior de la
puerta. Y a continuación en el pasillo que comunica con el casino,
el visitante observador puede darse cuenta de que el paramento de vidrio
impreso con grandes letras blancas dice Guggenheim, y que a través
de él, puede divisar, desde arriba, el interior de una gran sala
de exposiciones.
La bajada a la planta inferior se produce
por una escalera amplia de piso de hormigón pintada de forma continua
de color amarillo limón. La gente parece flotar sobre este fondo
homogéneo y luminoso. A uno de los lados, sobre un paramento tecno
de vidrio se inscriben los nombres del proyecto de ingeniería financiera
del mago Krens, el revolucionario director del museo, que en las últimas
semanas, sin embargo, parece pasar por una situación de crisis [
Bohlen, 2001]. L larga lista de socios del museo está organizada
en distintas categorías: Corporaciones Patronos, Corporaciones Amigas,
Corporaciones Benefactoras... e incluye desde los fundadores familiares,
a la Bolsa de Nueva York o las Publicaciones del Conde Nast. Quizá
sea la invocación de lo que Koolhaas ha llamado, en su proyecto
para Prada, el "aura" de la arquitectura [2001]. Quizá no.
Para salir se vuelve a la planta principal por dos escaleras mecánicas
paralelas.
En la planta baja la disposición
es más convencional, en salas, equipadas con un sistema de wallpaper
aplicado directamente sobre las paredes. También se encuentran los
aseos, que parecen los de un loft de artista, señalizados con naranja
fosforescente, pintados, -suelos, paredes y techos- de un azul verdoso,
y equipados con particiones, griferías y sanitarios industriales
de acero y porcelana blanca.
El edificio es pues un gran espacio vacío
con las instalaciones e infraestructuras adecuadas para ser transformado
en cada nueva exposición o performance [o fiesta]; como un enorme
edificio teatral. Para la inauguración, hace tres meses, el Guggenheim
encargó a Frank Gehry, otro de los diseñadores de la casa,
una macroinstalación para exponer el Arte de la Motocicleta. El
tema de la exposición inaugural resulta significativo, mezcla de
cultura industrial y popular. La exposición ha batido los records
de visitantes de la casa en todo el mundo.
Para mostrar las motos, Gehry diseñó
una instalación a la altura del edificio. Un mini-bilbao, compuesto
de hojas abiertas y ondulantes que forman espacios fluidos para separar
los distintos períodos culturales en la historia de las motos, -
que prácticamente coincide con la del pretérito siglo xx.
Cada agrupación evoca cáscaras de huevo rotas, pero de huevos
de gigantescos reptiles antediluvianos, cuyos hijos fueran las pequeñas
motos. En la mayor parte de los casos las motos están colocadas
sobre plataformas de espejos metálicos, que permiten observar los
bajos de la mecánica, y a la vez producen bellos y oníricos
reflejos-sombras sobre el blanco inmaculado de las caras interiores de
las súpercáscaras. Las caras exteriores de las cáscaras,
con sus complejas y caprichosas curvaturas, están forradas con los
mismos paneles metálicos especulares, aparejados con un solape asimétrico.
Allí se reflejan los visitantes junto a las motos. La reflexión
nunca es perfectamente especular. Se multiplica y produce un interesante
contraste con la frialdad casi científica del contenedor, que como
en el teatro queda en un discreto segundo plano.
Unos cortinajes de malla de acero, colgados
de suelo a techo, un divertido guiño barroco, delimitan el espacio
frente a las pantallas de retroproyección como un teatro menor dentro
del gran teatro.
La segunda de las piezas de Koolhaas en
el Venetian, es el Hermitage Guggenheim. Tiene mucho menor interés
arquitectónico que la primera. Se trata de una gran caja de acero
cortén cuyas dos fachadas longitudinales, las únicas visibles,
tienen impresos grandes letreros con el nombre de la entidad. El interior
está distribuido en cuatro salas iluminadas artificialmente, con
paredes y techos de madera de color claro. Los paramentos interiores son
también de acero cortén, y no llegan hasta el suelo sino
que dejan una fisura de vidrio que permite ver a través de ellos;
por un lado la calle, y por el otro una galería barroca de columnas
de mármol-escayola, suelo de mármoles que parecen glaseados
y pintura antigua italiana mapeada sobre las bóvedas. La galería
conecta la recepción del hotel con las salas de juego del casino.
En el exterior la pastilla de acero cortén se integra [?] en la
composición neoveneciana de la fachada principal del edificio, que
incluye en otras piezas el puente de Rialto, el Campanile, la fachada del
palacio del Dux y una torre de 36 plantas aparentemente revestida de ladrillo,
vidrio y piedra blanca.
La invención del futuro / la
montaña
Hacia finales de los años 90 asistí
a una conferencia de Amos Moravaczy en la AA de Londres. En su discurso,
el profesor Moravaczy recuperaba las categorías con las que Semper
clasificaba la construcción a lo largo de la historia: el mundo
de lo textil, el de la cerámica, el de la tectónica, -que
habría caracterizado la alta cultura occidental desde el Renacimiento
a la Modernidad-, y finalmente la caverna o la montaña. Para el
profesor Moravaczy, la montaña, de los habitantes de las cavernas
paleolíticas o los constructores de pirámides, está
en relación con hacer posible la experiencia de lo sublime mediante
la creación de ambientes o atmósferas. Continuando con su
análisis, Moravaczy constataba que hacia finales del pasado siglo
XX la construcción de edificios cultos en la tradición de
la tectónica había llegado a tener muy escasa influencia
en la conformación del mundo que habitamos. Una experiencia del
mundo dominada por los medios de comunicación y las tecnologías
de la información. Como conclusión de su análisis,
M consideraba que para que los arquitectos llegaran a tener un papel relevante
en la constitución del mundo del futuro próximo, la práctica
arquitectónica debía necesariamente reorientase de la tectónica
a la montaña, significando que debería trascender la producción
de artísticos objetos habitables, y dedicarse a la producción
de acontecimientos, atmósferas, espectáculos, incorporando
nuevos conceptos, adentrarse en el territorio fronterizo entre lo construido,
lo sublime, lo imaginario y lo híperreal, aplicando los nuevos medios
y las nuevas tecnologías. [Pérez de Lama, 1998]
Bastantes de los edificios-caosmos de Koolhaas
parecen conectar con esta idea de la montaña, y quizá por
esta razón parte de sus reflexiones recientes sobre el mundo y la
arquitectura se perciban como transgresiones heterodoxas de los límites
convencionales de la arquitectura seria, como cuando habla del shopping,
-las compras, el consumo-, de los parques de atracciones, del proyecto
secreto e inefable de Manhattan durante la primera mitad del siglo, o se
pone a discutir la compatibilidad entre exclusividad y repetición
para Prada [2001].
Nuevos instrumentos para la construcción
de un mundo nuevo
En el análisis del Delta del Río
Perlas en China, Koolhaas y sus alumnos de Harvard verifican como la que
será en breve la mayor aglomeración urbana del mundo, se
construye ajena, casi alérgica, al sistema de producción
de la arquitectura respetable: análisis, reflexión y creación
según un modelo artístico científico, proyecto, ejecución
de la obra... [Koolhaas, 2000] Su conclusión es que los arquitectos
tienen mucho que aprender si aún quieren participar en darle forma
a este mundo nuevo que se nos viene encima, para Koolhaas, de forma inexorable.
Estamos ante nuevas formas de producción de la arquitectura y la
ciudad. Para comprenderlas e incorporarse a reorientar los procesos es
necesario inventar un nuevo vocabulario, nuevos instrumentos de análisis,
y sobre todo de intervención. En una aproximación quizá
inicial, K propone una serie de nuevos conceptos / herramientas de intervención
urbana, - y de camino registra su copyright - : Photoshop ©, Corredor
Potemkin ©, Utopía del Golf ©, Escape ©, etc. [Koolhaas,
2000] ¿Lo del copyright es una broma de K? ¿Significa que
cada vez que alguien use estas ideas en un libro o en la práctica
urbanística deberá abonar los derechos a K? ¿Se dejará
samplear por hackitectos piratas?
Conversando con Neil Denari acerca de las
nuevas franquicias del Guggenheim, me comentaba [quizá optimísticamente]:
"Todos podemos hacer edificios que estén correctamente construidos,
cumplan con su programa funcional y sean razonablemente bellos. Pero Gehry,
por ejemplo en Bilbao, ofrece, un algo adicional, algo cualitativo, que
ya no es lo que se entendía habitualmente por arte, algo que sin
embargo sí sabemos que se puede traducir en dólares". Algo
que Koolhaas y él también están buscando. "Es lo que
hace relevante la arquitectura de Koolhaas, aunque en realidad su
proyecto sea siempre el mismo."
"Tiene que ver con una nueva forma de
ver y estar en el mundo... Esta arquitectura va más allá
de ser un espejo del presente, como sucedía con la arquitectura
de los deconstructivistas durante el final de los 80."
K tiene estos días una exposición
en Los Ángeles en la que se muestra bien esta forma de trabajar.
Se presenta en el MOCA su proyecto para el nuevo "epicentro" de Prada,
Milano, en Beverly Hills, Los Ángeles. El encargo, bastante convencional,
de diseñar una tienda de artículos de moda y lujo se ha estirado
hasta transformarse en una reflexión sobre la ciudad y sobre la
principal actividad urbana que dicen que nos caracteriza, el consumo, el
ir de compras. ¡Tras la reciente crisis, en los EUA el consumir se
ha llegado a calificar como una cuestión de patriotismo! ¡Se
imagina uno que, entonces, los ricos pueden ser mucho más patriotas
que los pobres!
K se propone repensar la actividad y el
significado del ir de compras: "Museos, bibliotecas, aeropuertos, hospitales
y escuelas cada vez se están haciendo más indeferenciables
del consumo / ir de compras. La adopción de estrategias comerciales
para la viabilidad ha desatado una ola de mallificación"
- pronunciado "molificación': la tranformación de todo lo
urbano en centro comercial o mall [Crawford, 1992]-, "que ha transformado
a los visitantes de museos, viajeros, pacientes y estudiantes en clientes
/ consumidores... ¿Qué pasaría si se invirtiera la
estrategia, de manera que los clientes dejaran de identificarse como consumidores,
y se los reconociera como investigadores, estudiantes, pacientes, visitantes
de exposiciones? ¿Qué si la experiencia de comprar no fuera
empobrecedora sino enriquecedora? ¿Qué si se invirtieran
las tipologías, de manera que una tienda funcionara como... galería
comercial, calle, escenario, lonja, papel de pared [wallpaper], biblioteca,
prototipo de sala de exposiciones, showroom, archivo, laboratorio, clínica,
farmacia..." [Koolhaas, 2001] La ampliación de las tiendas Prada,
no consistirá en la ampliación de cada uno de sus segmentos
funcionales actuales, sino en la complejización de funciones integrada
en un planteamiento de bigness, como en sus análisis de los
rascacielos en Delirious New York [1978].
Pero no todo son ideas en OMA. El nuevo
programa diseñado por K para Prada se organiza en espacios envueltos
en un universo misterioso de luz que se filtra mágicamente a través
de paramentos porosos que han sido producidos aprovechando las materiales
y sistemas desarrolladas por la industria high tech de Los Ángeles,
y aplicando un proceso mixto mano-ordenador-máquina, sin duda parte
de la nueva idea de lujo y exclusividad promovida por OMA para el nuevo
branding de la multinacional italiana. En el caso del epicentro de NY,
también diseño de OMA, la tienda Prada se alía con
el Guggenheim de Downtown, fundiéndose con él a través
de las distintas plantas de su localización de SoHo.
Finalmente, OMA diseña para Prada,
y como parte del mismo proyecto, lo que llaman el aura de la tienda, de
alguna manera su doppelganger o alter ego cyberespacial, un concepto
que K desarrolla también en su proyecto de biblioteca pública
en Seattle, y que a nadie sorprendería si fuera una invención
de William Gibson. El aura digital de Prada es la presencia de su imagen
y sus servicios en la red de redes, e incluye desde la gestión electrónica
más o menos convencioanal de logística y ventas, a la incorporación
de los clientes a los procesos de producción, o su reconocimiento
electrónico, incluidas sus preferencias y colecciones, en el momento
que acceden a las tiendas reales o virtuales de Prada en cualquier parte
del mundo... En realidad el trabajo de K para Prada no se trata tanto del
proyecto de tres nuevas grandes tiendas en tres capitales mundiales como
son NY, SF y LA, sino que consiste en el establecimiento de una estrategia
compleja para la construcción de un mundo Prada global.
Algo parecido ocurre con su colaboración
con el Guggenheim, un museo que se ha convertido en una especie de empresa
global de branding cultural. Me hace recordar una afirmación
de Marshal MacLuhan en una entrevista virtual publicada en Wired. Decía
que en el futuro próximo, la gente pagaría por ver los anuncios
de sus marcas preferidas, y así participar de su glamour y prestigio;
y a cambio, recibiría gratuitamente los productos fabricados o promovidos
por ellas.
En el Guggenheim Las Vegas, están
presentes también muchas de las ideas enunciadas por K al principio
de su carrera, y que desde entonces ha ido poniendo en práctica
y enriqueciendo. Por ejemplo, su visión del rascacielos neoyorquino
como un artefacto de imagen impactante, cuyo contenido se compone de una
multiplicidad de programas heterogeneos organizados en niveles horizontales
superpuestos, pero que en su conjunto aspiran a la recreación del
cosmos. Una idea que de alguna manera reformula en "Bigness" en SMLXL [1995].
En el caso del Guggenheim Las Vegas, su propia obra es la que es una parte
dentro del conjunto total del Venetian, que sin problemas podría
compararse con el antiguo Waldorf Astoria o los artefactos de Coney Island
descritos en Delirious. La misma idea que inspira su edificio ganador
en el concurso de Córdoba o el macro edificio para el puerto de
Rotterdam.
A la vez, el museo de Las Vegas puede
imaginarse como un microcosmos dentro del cosmos del Venetian. Organizado
en capas horizontales, el contenedor albergará una infinidad de
contenidos/ acontecimientos que irán variando en el tiempo, seguramente
más próximos al universo maravilloso y teatral de los parques
de atracciones que a la idea tradicional de museo deciochesco o decimonónico.
A la vez, el edificio nunca acabado / en continua transformación,
como las nuevas torres del Delta del Río Perlas [2000], algo intrínsecamente
opuesto a la idea académica y profesional de proyecto arquitectónico.
Las dudas
Si comenzaba diciendo que, sin lugar a
dudas, K es uno de las más brillantes mentes pensando las mutaciones
que viven la cultura y la ciudad contemporáneas, sí que estimo
que hay dudas razonables acerca de si el mundo que Koolhaas está
inventando será un mundo mejor, o no. Que una de las personalidades
más lúcidas y creativas de nuestro tiempo se dedique a reflexionar
sobre el lujo y la exclusividad [si hay exclusividad es porque hay exclusión]
no puedo calificarlo sino de muy triste, a pesar de toda mi admiración
por el ingenio, la belleza y el riesgo.
Que Koolhaas de por supuesto la ecuación
ciudad = mundo [2000], es decir, que vamos inexorablemente hacia un futuro
de megalópolis capitalistas, cuando existen tantas pruebas de la
insostenibilidad social y ecológica del modelo [Castells, Ramonet,
Sassen, Davis, Subcomandante Marcos...], y que sólo se plantee cómo
hacerlo mejor y cómo conseguir la incorporación de los arquitectos,
-con copyright-, al proceso, me parece como poco... reformista.
¿Es la idea de bigness emancipadora
de los individuos y las comunidades como pretende K?
También, sin duda alguna, y quizá
contra las previsiones del profesor Moravaczy, la arquitectura se ha convertido
en los últimos años en protagonista de la sociedad neoliberal
del espectáculo, según la definiera Debord. En un grado comparable,
como mínimo, al de la arquitectura barroca durante la colonización
española de América, que imponía mediante el poder
de la imagen y la tecnología la idea de la superioridad cultural
de sus autores.
Quizá me equivoque, y mis juicios
sean anticuados. ¿Es posible que Koolhaas o Gehry estén introduciendo
elementos de subversión y crítica al sistema de dominación
con el que parecen colaborar y que no seamos capaces de llegar a apreciarlos?
Me contaban hace algunos años que
el proyecto presentado por K al concurso para la renovación del
MOMA causó un profundo disgusto a sus amigos neoyoquinos en la dirección
del museo. La propuesta constaba de una gran torre que albergaba las oficinas
de dirección y administración del museo, la sede de los que
definen el destino de la cultura mundial; un segundo elemento en importancia
y volumen, más próximo al suelo, que albergaba las tiendas
y restaurantes del museo; finalmente, unas piezas menores, para las salas
de exposiciones. ¿Tiene este tipo de crítica irónica,
en el caso de que lo fuera, la capacidad de convertir a Koolhaas en un
arquitecto radical?
¿Son suficientes la emoción,
el misterio y la belleza?
Puede que sí.
Al menos nuestros admirados arquitectos
del star system son más seductores que Bush, Aznar o Berlusconi.
José Pérez de Lama, Los Ángeles
2001.
[Parte del análisis arquitectónico
de los edificios de Las Vegas se lo debo a una conversación con
Marta Malé]
Imágenes:
1. Portada del folleto de bienvenida de
The Venetian
2. Plantas bajas y primera del resort
con emplazamiento de las dos franquicias del Guggenheim [del folleto para
los clientes del Venetian]
3. Diagrama de la explosión del
programa de las tiendas Prada propuesta por OMA / Koolhaas
Bibliografía:
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FIDAS núm 5 / Sevilla
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