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the Stones
Máquinas, naturaleza, cultura y paisaje Comentarios y notas para el desarrollo del proyecto de las Maretas de Arrecife, Lanzarote. por José Pérez de Lama *, septiembre de 2003 1/
La obra del palacio de congresos de Adeje se alza, próxima a acabarse, en un paisaje ballardiano, conectada al enlace de la autopista TF-1, a pocos km del Aeropuerto del Sur, dominando desde lo alto un asentamiento - ¿genérico? ¿paradisíaco? ¿desquiciado? - del turismo global, de palmeras y fragmentos de oasis implantados en el desierto, turistas rubios y nativos de ojos negros, bares, restaurantes y tiendas, hoteles, campos de golf, torres de apartamentos, y chalets adosados y sin adosar. Al fondo el mar inmenso, con el que se conecta espiritualmente la montaña hueca y cubierta por olas; que, a la vez y paradójicamente, debe su existencia al paisaje no-lugar posmetropolitano de la llamada Playa de las Américas, cuyos habitantes, turistas vitales o de vacaciones, empresarios inmobiliarios y de la hostelería, y quizá también trabajadores de a pie, serán los que llenen finalmente de vida las grandes y pequeñas salas, escaleras y pasadizos del cuerpo inmenso del verano, de la enorme máquina natural. Hormigón, agua, vidrio y acero, los cuatro elementos de la naturaleza ballardiana. El paraíso glauco: Al final del día, nos proporcionan más placer que miedo las nuevas formas de vida y las nuevas técnicas de producción que aceleradamente se multiplican a nuestro alrededor [nota 01]. Añoramos la naturaleza que nosotros mismos hemos destruido y construimos enormes artefactos, y también sutiles mecanismos, para evocarla. Wintermute, una inteligencia artificial
que desea. Rei Toei, puros datos, una agregación de máquinas
deseantes que no te deja otra alternativa que enamorarte de ella.
[Dos personajes de ciencia ficción, William Gibson, 1984, 1996 y
1999 / nota 02]. Un edificio que recrea la naturaleza superándola
y convirtiéndola en futuridad. Semper, en el siglo XIX, hablaba
de la categoría constructiva de la montaña, más allá
de lo tectónico, y caracterizada por la creación de atmósferas
y la búsqueda de lo sublime. Hoy quizá, el sublime contemporáneo,
del que escribe Rafael Moneo.
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Ésta y otras obras de AMP nos hacen preguntarnos, entre otras cuestiones, si la construcción-destrucción de nuestras costas por la marea turística del final del siglo 20, como un apéndice vacacional de la vida metropolitana, podría haber sido de otra manera, y también, si aún podría ser reconvertida en otra cosa: En asentamientos urbanos en armonía con la naturaleza; en lugares que aún habitando las playas y los parajes originalmente más bellos no acabaran finalmente con su belleza; quizá en espacios de intensidad vital y conocimiento, en vez de adocenamiento y evasión; tal vez, en sitios en los que el acceso democrático a bienes como el sol, el ocio y las vacaciones no fuera necesariamente incompatible con la depredación inmobiliaria-capitalista del medio ambiente... El Parque del Drago en Icod de los Vinos, el Jardín Botánico de la Gomera, los apartamentos en Guincho, son algunas de las obras de AMP en las que pueden verse otras formas de actuar en el medio turístico. Pero claro, la arquitectura es sólo uno de los elementos del puzle. Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina, explicaba como la riqueza del oro y la plata, el petróleo e incluso el azúcar, el cacao y el café, hasta ahora habían sido la peor maldición que pudiera padecer cualquier lugar del Sur. La historia demuestra que el balance final para los lugares donde se hallaron cada una de estas supuestas riquezas fue la destrucción social y medioambiental a cambio del enriquecimiento de unos pocos: Potosí en Bolivia, Maracaibo en Venezuela, el Nordeste brasileño... El turismo, aún en los tiempos de los estados del bienestar, - hoy en eclipse -, y de las democracias occidentales, está significando riesgos similares. En el verano de 1999, hice un tour para la Fundación para la Investigación y el Desarrollo de la Arquitectura, Sevilla, por las costas de Andalucía. Recorrimos durante dos semanas la costa del sur de la península desde el norte de Almería hasta la frontera con Portugal. Por el día, documentábamos en fotos y vídeos la debacle urbanística. Por la noche dormíamos en las playas. Las conclusiones fueron desalentadoras. La destrucción llevada a cabo durante una generación no nos había llevado a aprender nada. El proceso urbanizador, no sólo no se estaba deteniendo y regulando, sino que se estaba acelerando y haciéndose cada vez más salvaje. El informe, que redactamos como una serie de cartas a Bart Simpson, fue como el acta de defunción de ciertos aspectos de un pasado mejor, - que a la vez lo era de buena parte delos lugares de mi infancia y mi juventud [nota 03]. Y aún así, el ataque continúa, incorporando nuevos medios.Tras la reivindicación de los noventa del kitsch masificado de Las Vegas y Miami, ahora nos toca a nosotros la de Benidorm y Torremolinos. No sólo no aprendemos como sociedad sino que tratamos de convencernos de que lo que hemos hecho es excelente, un signo de contemporaneidad y de lo cool que somos. La estetización de lo supuestamente inevitable, como en el caso de la teorización reivindicadora del espacio basura de Rem Koolhaas. Aunque en realidad, las situaciones presuntamente inevitables sólo son tales para aquellos que están interesados en reproducirlas o ampliarlas. Lanzarote con su moratoria turístico-inmobiliaria
de 10 años, 2000-2010, parece que ha reconocido los límites
del llamado desarrollo. La isla ha pasado en unos 25 años de 25.000
habitantes a 160.000 habitantes - la mitad de ellos aproximadamente transeuntes
en cada momento dado. 1.800.000 turistas anuales [1999 nota
04]. La moratoria, vista desde fuera, parece una posición
más que razonable para hacer posible el pensar entre todos, de forma
participativa y democrática, el futuro común de los habitantes
de la isla y de su medio; de evitar los errores que en otros lugares ya
se han cometido, y que han acabado matando a la gallina de los huevos de
oro. De sustraerse a un destino impuesto desde fuera por las corrientes
económicas globales que en ningún caso miran por los intereses
locales de las regiones que con la mayor frecuencia terminan por arrasar,
como ilustra hiperbólicamente el libro de Galeano.
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Sin embargo, casi al mismo tiempo, y con mayor fuerza a partir de los 90, comienzan a resurgir las reflexiones sobre lo que se ha venido en denominar el habitar. El adagio antiguo, "hacemos nuestros edificios [y nuestras ciudades] y éstos nos hacen a nosotros", retorna aunque con una fe más escéptica que la de los modernos. Pensamos hoy que, en efecto, los seres humanos somos necesariamente en el espacio, no podemos imaginarnos de otra manera. A esto es a lo que llamamos el habitar. Pensamos hoy, sin embargo, que los espacios que construimos no determinan lo que somos, aunque sí que lo condicionan. Si los estudios del proyecto moderno establecen que la arquitectura y la ciudad influyeron grandemente en el establecimiento de nuevas relaciones familiares, de género, sociales y laborales, en la forma en que usamos nuestro tiempo... los objetivos progresistas de la actulaidad serían, entre otros, el evitar la construcción de espacios que traten de determinar formas únicas de ser en el mundo, - como quizá ocurre con los parques temáticos, los centros comerciales o incluso ciertas ciudades vacacionales -, y, en su lugar, el inventar y construir espacios que favorezcan la libertad, la multiplicación de estilos de vida, la cooperación social, la aceleración de los flujos creativos y positivos del presente, espacios que propongan nuevas relaciones creativas y enriquecedoras con el medio ambiente y el patrimonio. ¿Realmente creemos que la arquitectura puede ser capaz de todas estas cosas? ... Por lo menos debería intentarlo. Es lo que nosotros hemos venido denominando nuevas arquitecturas o geografías de la multitud [nota 04]. Y es lo que me parece ver con esperanza en el proyecto del Centro Cultura Contemporánea de Las Maretas en Arrecife y en el excelente proyecto arquitectónico de AMP. Como un turista, espero que un poco ilustrado, y, además, virtual, me atrevo a opinar del proyecto. No obstante, en una isla en la que hay una media de 1 turista por cada 2 habitantes en cada momento del año, y casi 18 turistas por habitante a lo largo del año, no parece del todo descabellado considerar que esta opinión pudiera tener algún valor [nota 04]. El turismo de masas, uno de los fenómenos más destacados de la globalización, ha sido objeto de amplia literatura científica. Una de las líneas de la crítica es la que señala la transformación del viaje en mercancía, la transformación del viajero, en busca de conocimiento del mundo y de sí mismo, en turista, en busca de consumo y de evasión. El turista típico, podría imaginarse como el paradigma de la separación según los situacionistas. El urbanismo del turismo como la definitiva encarnación del urbanismo de la separación, cuyos habitantes, mediante "el espectáculo", están programáticamente separados de su capacidad de hacer su propia historia y de construir su propia geografía... [nota 06]. En paralelo a este fenómeno, sin embargo, han aparecido figuras aparentemente nuevas de la movilidad global, como son las del llamado, denostativamente, turista revolucionario y la del migrante, cuyo estudio sería de gran interés desde el punto de vista del fenómeno global del turismo. Como en los dudosos estudios de Rem Koolhaas sobre el shopping [nota 07], en los que propone transformar la compra, actividad central de la ciudadanía urbana según su análisis, de experiencia empobrecedora en vivencia enriquecedora, ¿cabría pensar las otras modalidades de flujos humanos como semillas para modelos de movilidad global verdaderamente emancipadores, creadores de redes, de arte y de intensidad vital radical. En cualquier caso, resulta incuestionable
la realidad de que el turista es uno de los nuevos habitantes que dan forma
al mundo y que a la vez son tranformados por el mundo - turístico
- que habitan - aunque su habitación tenga un carácter fluido
y provisional. Las experiencias de César Manrique en Lanzarote en
este sentido son irrefutables. Siendo imposible la neutralidad política
de la arquitectura, resulta relevante que Las Maretas se propongan incorporar
en su arquitectura y en su proyecto sociocultural un planteamiento crítico
acerca de estas cuestiones...
4/ Cultura de la multitud
El tiempo de las posibilidades ilimitadas en el que las ideas e incluso los sueños pueden llegar a ser realizados mediante la aplicación de una máquina cultural [...] El extraño placer de un paisaje distópico en el que la interpretación de la tecnología [y de sus efectos] no es ni fatalista ni determinista, sino que, de hecho, reside en el interior de la propia mente [...] donde el frecuente uso de la palabra sueño ha dejado de describir algo interior [...] [nota 01] Anteriormente, el problema era inventar nuevos dispositivos que ahorraran trabajo. Hoy, el problema es el contrario. Tenemos que encontrar el medio en el que sea posible vivir con nuestras invenciones. [nota 08] El optimismo, que pudiera parecer irresponsable, del tándem Denari-Ballard, se ha reforzado en los últimos años con el advenimiento de toda la teorización, y su puesta en práctica, de los conceptos del imperio y la multitud. En Imperio [2000], Negri y Hardt como punta de lanza del llamado movimiento de movimientos, han sido capaces de redefinir el presente, ya no como el escenario del control capitalista y la explotación de los débiles liderados por las potencias occidentales, sino como el momento de la multitud, que se caracteriza por la multiplicación de los modos de vida, la movilidad global por encima de las fronteras, el desbordamiento del deseo, la cooperación social y la nueva actonomía, la nueva centralidad del trabajo inmaterial, el desarrollo imparable de la inteligencia colectiva... Por tanto, si hablamos de cultura desde un punto de vista progresista, de un centro de cultura contemporánea, y de un edificio para albergarla y facilitar y acelerar los nuevos procesos de la revolución molecular que ya está marcha, será a estos procesos a los que habrá que mirar para informar la máquina o dispositivo arquitectónico, el nodo entre lo local y lo global que no sólo permita, sino que incluso inspire y contribuya a impulsar el nuevo mundo que entre todos estamoshaciendo y vamos a seguir inventando. El ejemplo del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, que el nuevo centro cultural lanzaroteño considera como una de sus posibles referencias, invita a hacer unas últimas consideraciones. En primer lugar, una reflexión sobre el uso de grandes infraestructuras culturales en barrios pobres o degradados como motor de la transformación social. Cabe señalar que del ejemplo de Barcelona y de los de otros lugares, se deduce la necesidad de que las intervenciones tengan un carácter integral. No se trata de elegir entre construir equipamientos culturales o sociales, viviendas o hacer mejoras en los espacios públicos o urbanos, sino de construir según un plan o una estrategia integral y de ámbit territorial y planteada a medio plazo todos estas cosas. Lo contrario, las grandes inversiones puntuales y muy concentradas en el tiempo, han supuesto por lo general la gentrificación de los barrios y la expulsión de sus habitantes más modestos por parte de nuevos grupos sociales con mayor capacidad económica que finalmente son los que acaban apropiandose de los beneficios de las inversiones públicas, que con la mejor intención o con ingenuidad algunos pensaban que mjeorarían las condiciones de vida de los grupos subalternos habitantes originales del lugar. En segundo lugar, plantearía la reflexión acerca del concepto de cultura. Damos por supuesto con demasiado facilidad que la Cultura y el Arte se escriben con mayúsculas y que corresponden a espacios vitales alejados de la vida cotidiana de la mayoría de las personas; que son cosas que a la mayoría nos llegan desde arriba, desde las alturas de las academias, los museos y las galerías. Y sin embargo, una y otra vez, aparecen nuevas prácticas artísticas y culturales que surgen de la vida real, y que si que son verdaderamente capaces de transformar nuestras vidas y cambiar el mundo. Hoy estamos, efectivamente, en un momento en que con las artes y la cultura, las tecnologías y el trabajo inmaterial, la multitud está reinventando el mundo que habitamos y que nos habita. Local y global, naturaleza y artificio, alta cultura y baja cultura, privado y público, patrimonial y vivo, real y virtual, ciudadano y extranjero están dejando de ser tanto categorías estancas como opuestos. Un centro de cultura contemporánea tiene la posibilidad de ser un nodo atravesado por todos estos flujos, con los cuales se nutra y juegue, capaz de recombinarlos y devolverlos al mundo añadiéndoles valor. Esta recombinación continua hecha desde la autogestión por parte de usuarios y habitantes significaría realmente una cultura producida por todos y para todos, una cultura de la multitud, capaz de contribuir a la emancipación de individuos y comunidades. Donna Haraway, escribía ya hace ya más de una década acerca de un nuevo proyecto cultural de esta índole al que caracterizaba en torno del concepto de la identidad cíborg: ¡Antes prefiero ser un cíborg que una diosa! [nota 09]. Estos, y otros muchos, son las aventuras
fantásticas que se presentan a un proyecto de centro de cultura
contemporánea en la era de la red, la información, la globalización
y la multitud. Mi visita turística virtual a Las Maretas, arquitectura
y proyecto socio-cultural me da muy buena onda y me hace albergar grandes
esperanzas. La actual propuesta de AMP para el centro cultural de Las Maretas
me parece un excelente punto de partida para abordar un proyecto ciudadano
que sin duda nos gustaría a todos que muy pronto pudiera estar funcionando.
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* José Pérez de Lama es arquitecto
y profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla.
Colabora regularmente con la revista Pasajes de Arquitectura y Crítica,
donde escribe sobre arquitectura, urbanismo, tecnologías de la información
y las comunicaciones y nuevas políticas.
Notas / bibliografía: nota 01:
nota 02:
nota 03:
nota 04:
nota 05:
nota 06:
nota 07:
nota 09:
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